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LA EXISTENCIA EN EL PASADO DE PERSONAJES LEGENDARIOS

Según transmisiones orales sobre romances del pasado, en uno de estos albergues, cuyo lugarejo ignoramos, habitaba un hombre que se sabe era rústico trabajador del campo. Se desconoce su procedencia, calzaba un tipo de alpargatas de raíz árabe y de aquí se atribuye en el decidero o romancero vulgar el nombre de tío babú, por el calzado árabe (babuchas). Tal aposento debía estar cercano al pago denominado Bardada o Bardales y cuando otros trabajadores y trabajadoras del campo pasaban por las inmediaciones del lugar le saludaban y si la meteorología era adversa le comentaban: “como llueve por Bardales tío babú”. Tan arraigado quedó esto en la población campesina, que hoy hasta una marca de vinos de la tierra le ha dado este nombre a sus vinos “Tío Babú” y es que además tan popular debió de llegar a ser, que las mujeres cantaban aquel romance, que aún perdura y que decía así:

Como llueve por Bardales tío babú,
también por Valdelespino,
los albillos de mayalva,
se los ha llevado el río, tío babú, tío babú.

Desconocemos si la referencia al río es al Duero o al Guareña, ya que estos términos están reyanos a los dos ríos y la explanada de la desembocadura del Guareña al Duero es una gran extensión que viene del término denominado Bardales, hoy se llama Los Llanos del Guareña con gran arbolado y viñedo. Y no menos poblado de piedras de esas que las grandes crecidas han hecho redondas después de siglos y siglos de ser arrastradas, hasta orillas del Duero.

Tras estas fechas transcurridas habían pasado los gobiernos de Isabel II, Amadeo de Saboya, y hasta la primera república, siendo alternativos con reestructuraciones y sistemas expresamente dirigidas a satisfacer a los grandes propietarios, y con el hijo de Isabel, Alfonso XII y su nieto Alfonso XIII, se continuo con la misma tónica. De ello pudo dar fe el personal de cincuenta y tres pueblos de la comarca del Guareña y sus alrededores sobre la injusticia social en tales épocas, estos pueblos pertenecieron a los territorios del marqués de Alcañices, pero desde la desamortización, las gentes que labraban estas tierras habían adquirido la propiedad de las mismas. El marqués sin darle valor a la vigencia de las normas, comenzó a pleitear sobre sus derechos y la legislación haciendo caso omiso a las nuevas leyes, falló a favor del marqués en el año 1.909; justamente todos estos despropósitos acentuaron, en gran medida, las condiciones de vida en atraso, miseria del campo y sus gentes. La vida resultaba dura para la mayoría, el absentismo agrario era generalizado, el analfabetismo era flor endémica. En la parte de la sociedad mísera, se pasaba hambre siete días a la semana y con un poco de suerte se iba descalzo para no gastar las alpargatas, y en este tono se siguió hasta bien entrado el siglo XX con color de confesionario, sombrío, un tanto doloroso.

En Villabuena se sigue con la repoblación demográfica de gentes procedentes de otras localidades, unidos tal vez al crecimiento de los apellidos de los primeros pobladores labradores arrendatarios del lugar, como fueron los ya citados Toribio Hernández, Juan Martín y Antonio Sánchez, que hasta hoy perduran con abundancia en el pueblo. Entre los que llegaron de otras partes, algunos fueron hombres influenciados de poseedores de estado que se ubicaron en este lugar, convirtiéndose en amos de algunos terrenos y casas, que bien restauraron o edificaron, teniendo dominio sobre estos bienes y aunque explotaran a criados y sirvientes, pero ya eran vecinos ciudadanos quedando la producción dentro de la población.

Se cree que uno de los capitales mas fuertes de Villabuena y primeros terratenientes labradores fue la familia Moyano, descendientes de Bóveda. Allá por la época de las primeras desamortizaciones, un primo hermano del ministro Don Claudio Moyano y Samaniego, llamado Antonio Moyano, se asentó en esas tierras de Villabuena destinadas a expropiarse, donde ubicó su hogar y restableció su vida familiar fija y permanente. De su matrimonio tuvo ocho hijos, cinco varones y tres hembras. Los varones que fueron los que extendieron las raíces del apellido fueron: Justo, Juan, Claudio, Pablo y Patricio Moyano González.

A la muerte del ministro Don Claudio Moyano y Samaniego, en el año 1.890 sin descendencia habida en su matrimonio y divorcio en el mismo, legó sus bienes a estos sobrinos y sobrinas que eran -entre otros- sus verdaderos herederos. Aunque según certificados testamentales que lo acreditan, su afecto hacia el tercero de los sobrinos (citados), al estar apadrinado por el mismo ministro, poniéndole de pila su propio nombre Claudio, le distinguió con más cuantía de valor en el lote, e igualmente debió de hacer con una de las sobrinas que vivió con él hasta su fallecimiento (se dice que el ministro antes de fallecer contrajo matrimonio con esta sobrina, llamada Carolina), al tiempo que hacía figurar en su tarjeta de visita el nombre de la agraciada sobrina y a ésta le dejó un lote especial e individual por su compañía como esposa, ya que Don Claudio se había separado de su anterior esposa.

Toda esta familia fue extendiéndose en enlaces matrimoniales de apellidos famosos, que ya hemos citado, también de Bóveda como los Crespo, Seco, Amigo (este de Moraleja del vino, descendiente de uno orden religiosa), formaron un conjunto de ascendientes, descendientes colaterales y afines a un linaje de enlazamientos matrimoniales, viéndose claramente -hoy- en Villabuena que es de donde proviene el mayor poder económico y social; pues según documentos de archivos locales fueron y han sido los primeros y más regidores del municipio desde que éste obtuvo la independencia, cubriendo puestos de jueces, alcaldes..., si exceptuamos a un Juan Martín que debió ser uno de los primeros alcaldes del lugar.

Dentro de las personas que se asentaron en Villabuena procedentes de Bóveda está Patricio Crespo, quien también tuvo su renombre y más aún cuando su hijo Landelino Crespo Hernández llegó a hacerse ingeniero de canales y caminos. Éstos dedicándose a la labor agrícola en el año 1.885, Landelino bajo las administración de sus padre labraba y araba una finca en zona heredad de los Portocarrero y con la reja del arado levanto una olla llena de onzas de oro y plata grabadas con signos de pertenecer a una orden religiosa, y todo indica que debía ser la de los templarios o la del santísimo sacramento.

Con lo que se pone más en claro la existencia de este convento a la distancia de 1\4 de legua del lugar del asentamiento de la población antigua. Hoy al lugar donde apareció este hallazgo, se le sigue llamando tierra de la olla y pago del convento, cerquisima de donde estuvo asentada la ermita del humilladero. En reciente visita a mi pueblo natal, me explicó uno de los hijos de labradores antiguos -Sánchez-, que siendo él muy joven, arando un una finca cercana a este pago, con la vertedera levantó una piedra que él me resumía con la forma de una castañuela, yo he venido a deducir que debió de ser una pila o concha bautismal, lo que respalda aun más todo lo reseñado de esta zona.

Según versiones trasmitidas boca a boca y de generación en generación, los Crespo con este dinero de los caudales hallados, dieron estudios a este hijo, sacando la carrera de ingeniero de caminos, puentes y canales. Cuando ya estuvo licenciado, expuso la iniciativa a los ayuntamientos de Bóveda, Villabuena y El Pego para construir una central eléctrica sobre el caudal del río Guareña, en el límite de los dos primeros pueblos. Le fue concedida la propuesta y en fechas del año 1.922 la obra fue terminada e inaugurada, llegando por primera vez en la vida la luz eléctrica a estas tres humildes poblaciones. Tal acto fue considerado como uno o el más importante avance de progreso de la zona. Todavía hoy se suele decir cuando se celebra algo de satisfacción o alegría: “das más saltos que cuando se inauguró la luz en el pueblo”.

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